Ciento sesenta y siete ciegas. Ese es el colchón con el que el brasileño Fabricio Nociolini se sentó a jugar el Día 4 del Main Event del EPT Barcelona 2026: 2.510.000 fichas, el stack más grande de la sala y una ventaja clara sobre todos sus perseguidores cuando quedan 67 jugadores de las 1.823 entradas iniciales.
Los hechos: 67 supervivientes, €19.900 asegurados y €1.370.050 para el campeón
Del field que generó una bolsa de €8.841.550, apenas 67 nombres volvieron a Casino Barcelona. Todos ellos ya tienen garantizados €19.900, pero el número que manda en la mesa es otro: €1.370.050 para quien levante el trofeo.
Detrás de Nociolini aparece el neerlandés Joris Ruijs con 2.185.000 (146 ciegas) y el rumano Alexandru Toderita con 1.970.000. El quinto puesto del conteo lo comparte otro brasileño, Eduardo Kalil, con 1.950.000, empatado con el polaco Sebastian Malec. En total son siete brasileños los que entraron al Día 4, la delegación latinoamericana más fuerte del torneo. El argentino Nacho Barbero se quedó a las puertas: cayó en el puesto 69 y cobró el mínimo de €19.900.
La jornada arrancó al mediodía en el nivel 21 (ciegas 10.000/15.000 con ante de 15.000) y tiene cuatro niveles de 90 minutos programados. Con el correr de las manos el field se comprimió a poco más de treinta jugadores y el stack promedio se disparó por encima del millón y medio de fichas. Siguen vivos cinco excampeones del Main Event del EPT y el miembro del Salón de la Fama John Juanda, que empezó el día con 990.000.
Por qué importa: el stack grande no juega para cobrar, juega para ganar
Aquí está la lección que separa a Nociolini del resto del field. Con 167 ciegas y todos los rivales ya en premios, el líder no tiene que arriesgar su torneo: tiene que cobrar el impuesto que pagan los stacks medianos cada vez que dudan. Esa es la esencia del ICM en poker: en la zona de premios, cada ficha que arriesgas vale más de lo que te devuelve, y cuando el rival sabe que perder significa irse con €19.900 mientras el líder sigue jugando por €1,37 millones, sus manos se cierran solas.
El error clásico del jugador en formación es el contrario: llegar con un stack sano a la zona premiada y empezar a jugar como si el objetivo fuera no ser eliminado. Se le llama "jugar para cobrar", y es la forma más elegante de convertir un buen torneo en un premio pequeño. Cobrar es la consecuencia; el objetivo es acumular. La misma disciplina que trabajamos al hablar de cómo jugar la burbuja aplica ahora, solo que al revés: pasada la burbuja, la presión cambia de manos y el que la ejerce es el que tiene fichas.
Que dos brasileños estén en el top 5 de un torneo de €5.300 no es casualidad ni suerte: es el resultado de un ecosistema que lleva años produciendo regulares con volumen, estudio y estructura. Ese camino está abierto para cualquiera que decida recorrerlo en serio.
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